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 La Espuma

LA ESPUMA

o El Recurso de lo Efímero

Jorge Montesino
1999

 

LA ESPUMA

"Fuir! lá-bas fuir! Je sens que des oiseaux sont ivres
D’être parmi l’écume inconnue et les cieux!"
Stephane Mallarme

"Ave de vuelo endeble
en su dibujo marcha el aire"
Víctor Redondo

"Se salva la espuma por matar la ola."
Jacobo A. Rauskin

 

ESPUMA pura espuma

¿de qué otra cosa estamos hechos?

¿de qué otra cosa podría estar compuesto el poema?

de Espuma, claro, de espuma

de pura espuma, como el vuelo del pájaro

como el trino, de espuma

los sismos de la tarde, de espuma

las hamacas del patio, de espuma

las piedras emplumadas, de espuma

las canoas enormes, de espuma

el pantanal, de espuma de la tierra, de espuma

los peces de la fantasía, de espuma

el caballo de la fuga infinita, de espuma

los hombres jaguares, de espuma

el duelo de lanzas, de espuma

las aristas de la luna, de espuma

las nubes proverbiales, de espuma

los pasos de las patas de araña, de espuma

los molinos de altazor, de espuma

las dunas en el monte, de espuma

el alud de la muerte, de espuma

los líquidos azules, de espuma

el tormento del viento, de espuma

las nubes que levanta, de espuma

las mieles y presagios

los modos de piara

las cenizas fluviales, su ascenso

los tormentos, los besos

el sermón que provoca, el verso

el barco encallado, las trenzas

los pigmentos del trueno

las piedras que estremecen, las fieras

el fuego del hogar, la roña

los insectos latentes, la inercia

el escozor, los predicadores

los rojos guantes de los boxeadores

la ponzoña, el fuego de las velas

el pudor y los pecados, las pasarelas

el licor, el lodo de la calle

la carroña, la leña, el clamor

las velas hinchadas del barco

las manchas, los pecados capitales

la lava que surge del centro

la arena de la playa, el grumete

los brincos del potrillo

el aire que levanta el abanico

de espuma

de espuma

de espuma

de espuma

de espuma

de pura

espuma

 

ESPUMA, APENAS

La espuma que es el centro

de cada partecita y la otra

la que sirve a la lengua para decir:

"no es nada: espuma apenas".

Tómala en tus manos

no es nada: espuma apenas.

Trata de atraparla

no es nada: espuma apenas.

No hay torre inexpugnable sin espuma.

NATURALEZA QUIETA

Las nubes ahora

de pie sobre los turbios – tejados de la noche

pasando y al alcance de la mano

vestidas tan de luna.

El cielo ahora

tendido

sobre el enorme lecho – de cenizas

espuma de la arrasadora – fogata de la tarde.

La lluvia ahora

tan leve en su caer

como un alimento – como copas

de un licor exquisito – frágil – de agua mansa.

¿Cómo conciliar el sueño cuando

la noche ahora

representa – el memorable acto

de estarse quietecita – en cada movimiento?

 

INTERMEDIO CON ÁRBOL

Debajo de la sombra grande

las plumas del árbol grande

bajo el rumor de las plumas

del árbol de sombra grande

un grito que a mí no llega

solito viene a quedarse:

–¡Deja pasar el sol yvapovõ

deja que pase!

ACERCA DE LAS SOMBRAS

El elevador la está llevando, eleva su cuerpo

/menudo acurrucado en el elevador

el que la está llevando –el elevador– le muestra

le deja ver –permite la visión– hacia un

/sembrado que

El perfecto piano que dibujan

las sombras de los árboles

sobre la blanca altura

del polvo blanco

del camino

El perfecto piano que dibujan

las sombras

cayendo

sobre el polvo blanco del camino

sobre su luz

El perfecto piano que dibuja

el sol

al golpear su luz

sobre los árboles

y proyectar

las sombras

del follaje sobre el suelo blanco del camino

Ese perfecto piano que dibujan

las sombras de los árboles cayendo

el perfecto piano

 

ESPUMAS DEL AIRE

Bajáronse los gorriones hasta el fino polvo de esta noble tierra y allí, como sabios desnudos, sacudiéronse los piojos unos a otros. Más tarde revolvieron el diccionario del suelo y echaron a vuelo algunas palabras...

TRINAZÓN: en Paraguay, nómbrase así al sustantivo aéreo y sonoro que flota, descarado, en el género femenino. Ejemplo: "La trinazón avanzó sobre nosotros al caer la tarde". Nombre de aquel enorme torrente sonoro que despide la mezcla de algunas varias especies –indeterminadas– de pájaros, casi siempre a manera de saludo, sobre la luz difusa de una mañana que se inicia o de una tarde, a la fúnebre hora de su muerte desolada y sin cortejo. Dícese también del barullo de los niños cuando, en bandada, disfrutan de la elevación rumorosa y sorda de sus voces, cabalgando a horcajadas algún momento de desobediencia, siempre propicio al efecto. Nómbrase además, de esta manera, a la vocingla o vocinglería de los hombres cuando, en animada tertulia, claman por ser entendidos alzando sus voces todos a un tiempo e impidiendo, paradójicamente, ese objetivo; el de entenderse, digo.

 

ALABANICO: designase con este nombre al movimiento mediante el cual un abanico de dimensiones grandes, acierta a trasladarse en un constante ir y venir, impulsado por la blanca mano de aquella que ahora está sentada en una mecedora sobre la cubierta de proa de un barco de pequeñas dimensiones. El viento mece las aguas, que mecen el barco, que mece la silla, que mece a la mujer sentada, que mece las manos, que mecen el abanico que mece el aire. Y el aire cae / desmayado de tanto ir y venir sobre las rojas mejillas de la mujer, que parece ir haciendo el río con el movimiento de sus manos, que parece un suave andar de alas hecho con las manos de una mujer y su abanico. Ejemplo: Alabanico y luego, el río nace al instante. Ninguna otra acepción.

 

SOMBRAJE: las vides, sólo esas vestiduras del aire son capaces de crear esta palabra. Con sus hojas anchas, con sus bucles bien prendidos a las ancas de la implacable: a la luz. Sólo cuando techo las vides nombran, nombran y crean la palabra que aquí nos ocupa. Ejemplo: Sombraje sobre el patio de ladrillos, húmedo del tiempo y de las uvas. Lanzarelámpagos las uvas a punto de estallar de luz, de la de adentro, que se desplaza a través de las hondonadas de la pulpa de esos pequeños soles que te van a tocar la lengua, refugiándose en la oscuridad de tus más oscuras sensaciones. Las vides, flotando sobre tu cabeza, sombraje que alfombra los pasos de la tarde.

EL TRINO

Dicen que el trino es como espuma

y como espuma es usado

maravilla o quilla de nuestra propia nave

que nave entre la espuma

Pero el trino es otra cosa

si hasta se refugia en el aire

si su cavidad sonora forma pocitos en la tierra dura

El trino es otra cosa

no se puede medir en sílabas

es un asunto

en extremo peligroso

porque desde el pico sale con filo mortífero

porque el mortífero filo que le da su pico

limpiando su cuerpo de plumas

lijando el perfil de su trazo

torneando sus dulces abrazos

porque el mortífero filo que le da su pico

su pico

su filo

su pico

el trino es otra cosa

 

CELEBRACIÓN

–A una bandada de trinos–

el trino

espuma

del aire

Ni venas batientes tambores de sangre, ni frágiles huesos neumáticos, ni músculos fibras y enjambres, ni piel infectada de plumas, ni breve latir, ni duna de alas, sólo una bandada de trinos que azotan, de espumas el aire...

UN PASE DE MAGIA

Ella se sentó, contrajo los brazos y con un suspiro sacudió su cuerpo. Volaba tan bajo que casi escarbaba la tierra del suelo, negra y contagiada de la noche negra que había pasado. Pensando volaba. Pero a ras del suelo dejaba la marca de sus pensamientos. Volaba y el mate de fiel calabaza, humeaba en el frágil perfume del aire, refugio del trino... y con un suspiro sacudió su cuerpo y volvió a sentarse.

UTILIDADES

usar

usar las plumas

usar la espuma

usar

el pico usar los huesos

usar las venas

usar los músculos

usar las patas usar la clave

usar cabezas

usar copetes

usar

el vuelo

usar el canto

usar la paja usar el barro

usar el nido

usar

las

ramas

usar los árboles usar las hojas

usar los postes

usar los cables

usar los ojos

usar

la cola usar timones

usar las alas

usar el cielo

usar

 

EL ÚLTIMO RINCÓN

En el culo del mundo

en el ojete mismo

aquí

aún hay pájaros

con dos alas

y un pico

por delante

pájaros que son

como la espuma

en el ojete mismo

aquí

aún hay árboles

que viven

buscando la espuma

de los ríos

que se perdió en el cielo

en el culo del mundo

aquí

aún puedes encontrar el aire

poblado de espumas

 

INTERMEDIO EN OTRO PAÍS

Estoy Alicia

en tu país

y maravillas

en la sala

llena de puertas

y ventanas

que precipitan

dentelladas

 

CANTO A UNA SIRENA

¿Cuál es la lluvia

que debo crear

para tu cielo,

ahora que soy mucho más

que el aguardiente

de tu pelo?

Déjame llover entero

déjame

llover

entero

que las llaves de tu mar

han caído

desde el cielo.

 

ALGO MÁS SOBRE LA ESPUMA

Escrito en Ninguna Parte

 

La espuma es polvo bruma niebla agua.

La espuma es ese sueño, el recuerdo borroso del sueño que no estoy seguro de haber soñado.

La espuma es borra, la espuma pastosa del banquete que me crece en la boca, esa cosa que nos queda del tiempo es la espuma.

Es, indudablemente, espuma, la honra, la gloria, los apellidos ilustres, el cielo azul, su intensidad: espuma celestial.

El cielo y las nubes, todas las formas conocidas de nubes y aun aquellas nubes vivientes que se alzaban con los campos, las mangas de langosta, digo; y las nubes de colores con las cuales Kurosawa ilustraba la muerte y las nubes terribles, la de Chernobyl, por ejemplo; y aún las nubes volcánicas que viajan miles de kilómetros en el lomo del viento para caer sobre el techo de mi auto, pegajosas; y aún el viento así de transparente y la transparencia en sí, la de los ventanales.

La espuma de tu vientre que se descuelga entre los labios de tu vulva encendiendo el deseo, el fuego inasible del pecho, el fuego que enciende los bosques y aún la espuma, la espuma artificial de los detergentes.

La espuma de la boca de la mujer de la que bebo las aguas esenciales.

La espuma, no es una cosa espumosa precisamente sino la estela invisible del vuelo del pájaro... y la que se va secando en lo alto poco después del paso de un jet.

La espuma es esa cosa tóxica negra que los ómnibus nos arrojan a la cara, espuma demencial.

El pequeño valle entre dos cerros está siempre completamente lleno de la espuma que el tiempo hace rodar por las laderas.

Indudablemente un árbol, un pájaro, un beso, están compuestos en forma primordial de espuma.

Y lo que queda de mí cuando me voy, te lo digo porque siempre me estoy yendo, es sólo espuma, mi espuma.

La lana de las ovejas, la que les crece en el cuerpo y la que les fue cortada, lo de adentro y lo de afuera, las plumas de los gansos, el pelaje del gato que en la casa flota en la porción de aire que el sol nos marca entrando por la ventanita.

Los olores del zoológico, que son el afuera del adentro sucio de las bestias.

La chaqueta brillosa del domador de fieras.

La seda gastada de esa chaqueta.

El instante en que saltan los jugadores de fútbol, todos a un tiempo, pretendiendo alcanzar el balón con sus cabezas.

Un grupo pequeño de árboles abigarrados por el miedo de estar así solos en medio de la planicie.

Los alambrados con púas para que el ganado no escape, los electrificados.

Los que separan y los que unen.

Los alambrados que forman rombos casi idénticos y terminan arriba con varias líneas oblicuas de más púas, no son acaso la espuma del temor.

El caucho de los neumáticos que se va quedando pegado en la calzada para siempre.

A más de la espuma que el mar nos arroja constantemente, tan bella en la distancia cuando alcanza el éxtasis en la cima de la ola, tan pordiosera y babosa sobre la arena sucia de la playa.

A más de esa espuma está la espuma de la que se compone el páncreas, por mencionar alguna de mis vísceras menos queridas, y la fétida espuma de los desechos que llevamos dentro y el perfume de las frutas que se pudren bajo la higuera y los mismos higos caídos cuando los arranco y les devoro el corazón rosado y los hongos de colores que infectan la herida y los blancos hongos que comen el árbol y el fino aserrín que las termitas dejan caer de su delirante fiesta de la madera.

La espuma es esto que me ahoga y otra vez me pregunto: ¿si no es de espuma, de qué otra cosa estamos hechos?

[a Héctor Osvaldo Mazal, junto a quien leí por primera vez este texto]

Fue una noche de septiembre, en los estudios de la radio universitaria de Posadas, durante el programa "De Cronopios" que él mismo conducía.

 

FANTASMAS DE LA ESPUMA
(apéndice)

HAMACAS (las hamacas del patio)

Colgar una hamaca es una tarea sencilla para quien lo ha hecho con frecuencia. Primero hay que encontrar el lugar, es importante ubicar las ramas necesarias o los puntos donde vamos a atar sus extremos o engancharlos. Pero no se trata sólo de sujetarla con seguridad y echarse a descansar, hay que tener en cuenta el sitio, los espacios de circulación que no deben ser obstaculizados por la presencia de la hamaca. Podría producirse un accidente: alguien, al querer saltar por encima de la tela, podría engancharse y caer, fracturarse un brazo, la clavícula, la mandíbula o el tabique nasal. El lugar debe estar limpio, ser accesible: no debe haber plantas espinosas en derredor, pues hay algunas particularmente ponzoñosas y podrían obligarnos a recurrir al servicio médico. En fin, para colgar una hamaca hay que ser un urbanista, se los digo yo que no lo soy y sufrí las consecuencias.

 

DUNAS (las dunas en el monte)

El cura a un costado del sendero barroso dejaba pasar a los niños. Y los niños pasaban, en fila india, adentrándose en el istmo por donde cruzaban el pantano. Para llegar a ese lugar misterioso había que cruzar el pantano. El cura los había entusiasmado no sólo con el paseo, sino con algo diferente, y los niños pensaban en algo parecido a la tierra prometida. A medida que cruzaban iban formando una pandilla de niños por la mitad. Entre la maleza, y con las piernas pintadas de barro hasta la altura de sus pantalones cortos, ejercían de extraños maniquíes vivientes y flotaban en el aire del otro lado. Por último cruzó el cura con los zapatos en la mano y se puso a la cabeza de esa expedición de niños aéreos. Trepaban por el sendero apenas visible, hasta que en un recodo el cura se detuvo, miró hacia arriba y dijo ¡las dunas! y los niños salieron volando y se perdieron en las hondonadas.

 

BARCO (el barco encallado)

Siempre estuvo allí – Lo vi durante siete años y medio – Algunos días no – Apuntando a la ciudad con su proa roñosa – Estaba cerca de la Aduana – Ha de ser por eso que siempre mostraba su nombre – Su identidad que ha pesar del tiempo se mantenía legible. Como yo no soy un experto en barcos, ni mucho menos – No supe si trataba de una fragata o un bergantín o una barcaza o una carabela o un remolcador o qué se yo que otro tipo de barco – Pero nunca nunca nunca pude desviar su mirada lánguida. Cuando pretendía ignorarlo se calzaba un gesto bien oscuro y me chistaba diciéndome – "ey, ey, mi nombre es Lunaria, ¿se lee todavía?" – Entonces miraba de reojo y veía las letras carcomidas sobre el casco – Rectas – Aún con partes blancas sobre el óxido – Así anduve durante esos años – Sin poder evitar aquella mirada, nunca supe si dulce o inquisidora – De reproche o calma – Hasta que al fin le hice un poema.

 

NUBES (Las nubes ahora/de pie sobre...)

Te veo en la ventana y a la ventana naciendo apenas un poco más arriba del tejado vecino. Veo los árboles moviéndose como bailarines ciegos. Veo los tejados agachándose ante el embate del viento, y casi casi veo a Dios, llorando de miedo. Sí, los dioses lloran, pero nadie puede verlos. En noches como esta, lloran. En noches como esta que nacen prematuras sin que nadie pueda evitarlo, ni siquiera Dios. Mientras las nubes avanzan a velocidades desconocidas, no como nubes, sino como increíbles transbordadores de colores que aún están por inventarse. ¡Qué cosa!, ahora veo cómo empiezan a caer las primeras gotas impactando sobre el tejado que tienes ante tu mirada, las marcas redondas y oscuras al alcance de la mano, ¿será que estoy mirando desde los balcones de tus ojos?

 

NUBES (aquellas nubes vivientes)

Cuando madre iba a la escuela, las radios hablaban de la plaga. Y mientras las radios hablaban de la plaga y mi madre levantaba la mano para responder a una de las preguntas de la maestra, o simplemente solicitando permiso para ir al sanitario, la plaga avanzaba.

Primero una mordida, un crujido que mastica. Luego una orquesta, pequeña, de cámara, llena de mordiscos que se elevan más o menos sonoros en el aire de las nueve de la mañana. De pronto, el sol, que había comenzado a levantarse, desaparece de la vista de los mortales, y el sonido de la voracidad aplasta cualquier reclamo. En pocos minutos pasa la manga de langostas y no queda nada verde. Sólo una calle ancha y devastada en medio del campo.

La estoy viendo: madre se detiene en el umbral de la puerta y levanta la mano solicitando ingresar nuevamente al aula.

 

NUBES (las nubes de colores)

¡Las vueltas que tiene la vida! Si ahora le preguntan por la película, de lo único que se acuerda es de lo siguiente:

1ro.) que eran varios episodios, no sabe cuántos,

2do.) que en uno de ellos, que se desarrollaba en el futuro, los hombres habían inventado una forma de dar color a unas nubes mortales, radioactivas tal vez o hechas de alguna otra cosa mucho más terrible,

3ro.) que había un hombre que moría, no está seguro que fueran más, pero cree que había otros personajes,

4to.) que estaban parados cerca de la orilla de un mar que no arrojaba olas sobre la playa,

5to.) que la situación era lúgubre, porque el cielo no era azul o la copia era mala, no sabe bien,

6to.) que los personajes dialogaban de pie allí pero no estaban tranquilos, más bien se los veía desesperados y parece que hablaban de la vida y la muerte, pero no estaban tranquilos, qué raro, porque el autor era un japonés y dicen que los orientales esperan la muerte en calma, así como los indígenas de algunas tribus americanas,

7mo.) que uno de los tipos moría, se ahogaba en una nube de color amarillo parece,

8vo.) que la nube lo atacaba o algo así, y el tipo no podía zafarse, era algo inevitable como la muerte misma,

9no.) que la nube era la muerte y era de color, ahora no está seguro si era amarilla o rosada o tal vez era Graógraman.

¡Las vueltas que tiene la vida! Si ahora le preguntan por la película no se acuerda de casi nada, ya armó la suya propia y quién se la va a quitar de la cabeza.

 

NUBES (las nubes volcánicas)

"¿Y esto, qué pasó acá?", dice el hombre en voz alta mientras mira al cielo y lo único que ve es un manto gris que no responde a su pregunta. "Está nublado, sí; pero esto no es lluvia. A menos que... sea lluvia ácida. Dicen que hay, yo nunca vi, ¿será lluvia ácida? ¿hasta ese punto estaremos destruyendo el planeta?". Ahora el hombre sólo piensa, para hablar con él mismo no hace falta más. Los vecinos, es evidente que han marchado rumbo a sus trabajos, sus autos no están alineados junto al cordón de la vereda. Su esposa, sus hijas, duermen aún, o remolonean que es más o menos lo mismo. El sol, ausente. ¿Con quién hablar? ¿Con el viento húmedo, con el viejo árbol de la vereda de enfrente, con los adoquines de la calle? "No, no, no, qué cosa rara esto", dice el hombre mientras toca las extrañas manchas blancas esparcidas sobre toda la superficie de su auto. "Como si hubiera llovido leche", agrega y juntando el índice y el pulgar deshace el extraño polvo que ha quedado pegado a sus dedos. "Voy a tener que limpiar, no me queda otra". El hombre entra a la casa, busca los elementos de limpieza, está extrañado. La señora del departamento de arriba escucha que el canal local informa a la población acerca de las cenizas de un volcán que ha hecho erupción en Chile y que los caprichos del viento han traído hasta nuestra ciudad. Llama a todos a no alarmarse puesto que la extraña ceniza blancuzca es inofensiva. La señora se cepilla el pelo mientras habla para sí misma o para su imagen en el espejo: "Ya no saben que inventar para llamar la atención, ceniza volcánica en Paraguay, están todos locos".

 

YVAPOVÕ (–Deja pasar el sol yvapovõ)

Del otro lado del cerco, el árbol se levantaba por encima de todo. Parecía haber nacido en el lugar justo, en el momento justo, y parecía haber tenido el buen tino de ubicar sus raíces estratégicamente, cerca de los arroyos subterráneos que abundan en la zona. "Es característico de la especie", me informó un biólogo vecino. Se había hecho enorme quién sabe cuántos años antes –nadie me lo sabía decir con exactitud– y conservaba su porte a través del tiempo con absoluta naturalidad. Siempre estaba de verde y cada tanto lucía unos frutos redondos, pequeños, de color amarillo fuerte, con los cuales atraía a una enorme colonia de pájaros de diversas especies. Supongo que también es característico de la especie. Al patio de mi casa brindaba su sombra generosamente con lo cual yo podía colgar la hamaca y disfrutar el fresco, pero a los árboles de mi patio les escamoteaba el sol. Mi casa y el yvapovõ compartían la cresta de una de las colinas de la ciudad, y si no fuera por la antena de un vecino radioaficionado, el enorme árbol hubiese sido algo así como el faro de la colina. Un día me fui de la casa. No hubo más, los árboles de mi patio no se sublevaron ante el gigante, no inventaron artificios para destruirlo, no convocaron a los ángeles en su ayuda, no hubo más. Los árboles de mi patio se fueron secando de a uno pero el yvapovõ no se apiadó de ellos.

 

PIANO (El perfecto piano que dibujan)

No sé por qué esa imagen. De todos los fascículos que hojeé me quedó solo ésa, "así es la cabeza de uno –diría mi abuela– yo me quedé con una sola foto de tu madre, fijate. Esa que está en el barco con el gorro de capitán ¿te acordás?". Pero mi abuela no estuvo acá para decirlo. La hilera de árboles, el sol no. Fuera de cuadro. Pero estaban las sombras que lo nombran, su luz que viene y choca contra la fronda, contra esa muralla tendida para que el viento del camino no entre en las plantaciones o para que el viento de las plantaciones no llegue hasta el camino, vaya uno a saber... Y lo que está apenas: las sombras, una silueta que dura lo que la luz, un instante, un ratito, un día. Y el sol de ese día –el fotógrafo tuvo que haberlo intuido– tenía dotes artísticas, de dibujante y músico, seguro. Porque usó los árboles para hacer un piano, porque usó el piano para hacer una música amarilla que lo envolvió todo y enredó la imagen hasta dejarla prendida en mi cabeza.

 

BANDADA (sólo una bandada de trinos que azotan)

Todo el mundo escuchó que había dicho "andanadas", pero no. Al abrir la revista me encontré con la verdad. No les miento si les digo que me desilusioné un poco. Andanadas me parecía una palabra más efectiva, pero ahora encontraba impresa la palabra "bandadas" y no podía hacer nada. Hecho consumado. Ahora me enfrasco en otras lecturas, busco otras palabras, trato de no equivocarme al leer y al escuchar, me concentro e incluso he llegado a grabar lo que dicen, lo que leen, lo que escriben: las desilusiones no son mi especialidad.

 

ESTELA (la que se va secando en lo alto)

Por encima del palo borracho quedaba la señal del paso de un avión a chorro. Se dibujaba en el limpio cielo de la siesta casi todos los días. El palo borracho, desde donde yo miraba, cortaba en dos la estela del avión. Así de enorme era. Claro que esos aviones, o ese avión, porque en realidad era el mismo siempre, no eran de este mundo: cómo iban a llevar a gente de carne y hueso en su interior. El palo borracho sí era de este mundo, yo veía salir su tronco enorme desde la tierra de mi patio y alzarse para que el avión a chorro lo viera y no perdiera el rumbo.

 

VALLE (el pequeño valle entre dos cerros)

En esta zona siempre tengo especial cuidado, no sólo por lo sinuoso del camino, es que la observo de otra forma. Entonces veo a los topógrafos de pie en medio del campo, eligiendo las sendas que trazaron los animales, para asentar la cinta de asfalto que ahora, pasa serpenteando entre las suaves curvas de estos cerros, apenas verdes. Los topógrafos están allí solos y uno de ellos, usando la mano izquierda como visera y la derecha para señalar, divisa y advierte a su compañero sobre la presencia de un hombre a caballo que a lo lejos va. Es la mitad del siglo y el hombre es, en realidad, apenas un muchacho que acaba de vengar la muerte de su madre con la sangre del asesino, entonces va, y no piensa en regresar. Eso es lo que vio el topógrafo cuando lo vio. El muchacho acaba de matar y su acto merece un aplauso. Eso es lo que siente el muchacho cuando ya hombre saluda desde el escenario sosteniendo apenas el arpa e inclinando la cabeza.

 

PLUMAS (las plumas de los gansos)

Entre el hospital y la casa de mi abuela un sólo camino llevaba hacia el río. El resto era puro monte. Alguna casa de vez en cuando aparecía ante la vista para recordar al caminante que estaba cerca de la ciudad. La mayoría de los terrenos aún no se habían loteado. Había una cancha de fútbol de tamaño reglamentario que la mayoría de los vecinos no sabía quién había trazado. Allí, casi todos los fines de semana se armaban torneos en los que hasta guardia policial había. Pero pasando la cancha y yendo hacia el río uno podía encontrarse con una gran cantidad de gansos, algunos de ellos eran los mismos que una tarde de otoño pero soleada corrieron a mi madre y le picotearon las piernas cuando aún era una niña.

 

AIRE (la porción de aire que el sol)

La casita tenía –tiene aún– techo de paja, pero sobre la paja, chapas de zinc. El techo de cuatro aguas, con una pendiente bien pronunciada, hace que las puertas sean mucho más bajas que el estándar. Así, mi abuela, que no se distingue por su altura, debe pasar agachada por la puerta lateral –la más usada– de la casa. Por allí pasó, agachándose, luego de afilar el cuchillo grande contra el piso de cemento, seguida por los dos gatos. Uno, de pelaje increíblemente largo a pesar de no ser persa. Los dos, maullando insistentemente después de haber escuchado el característico chic-chac del acero contra el cemento. Mi abuela entró, agachándose una vez más, a la pequeña cocina y sobre la tabla cortó un pedazo de hígado en pequeños trozos que arrojaba al piso y que los gatos, con pases de su extraña y bien conocida magia, hacían desaparecer en el acto.

A través de la ventanita que daba sobre la mesa, el sol ejercía de varita mágica.

 

ALAMBRADOS (los alambrados con púas)

Cuando íbamos caminando a la casa del tío Francisco y de la tía Coca, debíamos atravesar las vías. Y después de las vías, en diagonal, para acortar camino, ese campo raso, sin árboles, donde a veces juntábamos flores silvestres. No pasaban quince días sin que marcháramos hacia allí. Había que dejar atrás dos alambrados. Las vacas que allí pastaban, tranquilamente, en silencio, llevaban unos palos de ñandubay atados a las astas. A veces, mientras caminábamos por allí pasaba el tren echando bocanadas de humo y, con aquellos rústicos accesorios, las vacas no podían cruzar los alambrados.

 

ALAMBRADOS

(los alambrados que forman rombos casi idénticos)

La pasionaria (nosotros le decíamos mburucuyá que es su nombre autóctono), se enroscaba con toda su fuerza al alambrado de la fábrica. Ese era el límite de mi casa. El alambrado se extendía tenso y recto mucho más allá del final del patio, la pasionaria no. Se quedaba allí, absorta en la contemplación de las calas blancas que todos en casa nos encargábamos de regar con aguas de desecho.

 

HONGOS

(y los blancos hongos que comen el árbol)

Para qué alargar la historia, todos los árboles del patio de la casa paterna, estaban infectados por esos bichitos blancos. Eran como la ceniza de las calderas de la fábrica pero al revés, en negativo: una ceniza blanca, y se adherían a los troncos, nevándolos. De aquellos árboles, no ha quedado ninguno en pie.

NOTA FINAL

De este libro se imprimieron, en el mes de diciembre de 1999, 150 ejemplares que fueron numerados y firmados por el autor. La edición estuvo en manos de Ukoácho ediciones, en la ciudad de Asunción, República del Paraguay. La tapa se realizó en cartulina Vergé y el interior en papel cultural de 80 gramos. La composición se realizó en el tipo Footlight.

El libro no se comercializó, sino que el autor obsequió un ejemplar a cada uno de los presentes en el acto de lanzamiento, el cual se realizó el 23 de diciembre en el local del Café Literario de Asunción.

El 11 de enero más de 50 ejemplares fueron despachados con destino a poetas amigos del autor en Argentina, Uruguay, Brasil, España y Suecia. Ese mismo día, mientras los libros esperaban su traslado del Correo Paraguayo al aeropuerto la oficina donde estaban depositados se incendió y desaparecieron en las llamas.

Es por eso que el autor hoy pone a disposición de los interesados esta versión informatizada del libro esperando que puedan gozarla de la misma manera que hubiesen disfrutado del libro objeto.

 

Material compilado y revisado por la educadora argentina Nidia Cobiella (NidiaCobiella@RedArgentina.com)

 

La Espuma | "Mitología Guaraní"

 


 

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