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 Guaraníes y Jesuitas

Los Jesuitas y las Misiones Guaraníticas

La más arcaica y autorizada de las tradiciones afirma que en tiempos remotos arribaron a Brasil, desde tierras desconocidas del otro lado del mar, los hermanos Tupí y Guaraní y sus familias.

 Se instalaron en fértiles terrenos, formando con el tiempo una numerosa comunidad. Pero sucedió un día que se pelearon los dos hermanos, y decidieron separarse.

 Guaraní se marchó con los suyos hacia las orillas del Plata, y logró en poco tiempo ensanchar sus dominios hasta las márgenes del Orinoco.
 Cuando los conquistadores llevaron a cabo su obra, el pueblo Guaraní habitaba el N y el centro de Paraguay, parte del centro y el sur del Mato Grosso, la cuenca del Amazonas, la costa Atlántica y el centro de Brasil. Este pueblo se constituía de grupos familiares con la dirección de un cacique sometido a las decisiones de un consejo de ancianos. No existían castas, sólo se otorgaban algunos privilegios a los descendientes de caciques. El arsenal bélico sólo se componía de flechas y macanas. Eran monoteístas: Tupá (¨padre de todos¨) era su Dios, al que no le adjudicaban forma determinada, ni le erigían templos, ni le ofrecían sacrificios. La tradición oral prevaleció sobre la escrita, hecha de jeroglíficos, según muestras halladas en la isla de Marajó, del delta amazónico. Se perfeccionaron en el lenguaje, porque les permitía acceder a la dignidad de cacique. Este estímulo hizo de la elocuencia uno de los rasgos de este pueblo, y de su idioma uno de los más ricos y armoniosos de esta zona del mundo.

 La lengua guaraní es, después del griego y el latín, la que ha provisto de mayor cantidad de voces a la botánica, ciencia que, junto con la zoología y la agricultura, es notablemente conocida por este pueblo.
El individuo de esta raza es de carácter frío, enemigo de la violencia, por eso el homicidio en su historia es casi inexistente. Se permitía la poligamia. Las mujeres se encargaban de la atención de la casa y de las tareas agrícolas. Conocían las estaciones del año.
La incorporación de este pueblo -que fue valeroso y sintió el orgullo de su raza- a la civilización blanca, se debió a las alianzas entre españoles e indias.
Las misiones religiosas, en primer término las jesuíticas, fueron también un aporte de gran valor para la reducción pacífica de los guaraníes, que se adaptaron y aprendieron las labores de la tierra y tareas artesanales en dichas misiones.

Los jesuitas llegaron al Paraguay a fines del Siglo XVI y establecieron reducciones, desde los que ejercieron gran influencia en la colonización del país.

Las Misiones Jesuíticas conforman un conjunto arquitectónico de gran importancia histórica, cultural y artístico, erigido entre 1609 y 1768 por la orden religiosa Compañía de Jesús. Estas eran más de 80, pero actualmente sólo quedan 30 entra los territorios de Argentina, Brasil y Paraguay. Dignas de ser visitadas, estas misiones constituyen un legado inestimable de lo que fue la labor de evangelización de las poblaciones nativas en los países mencionados. De las siete misiones existentes en Paraguay dos han sido declaradas Patrimonio Universal de la Humanidad: Jesús del Tavarangue y Trinidad del Paraná. La primera fue fundada en 1685, cuenta con una iglesia restaurada y en este momento se está llevando a cabo el proyecto para la rehabilitación de colegios, talleres y casas de indios. Fundada en los inicios del siglo XVIII, Trinidad del Paraná es la más acabada de las 30 misiones jesuíticas existentes entre los mencionados países sudamericanos. Cuenta con una imponente Plaza Mayor bordeada por casas de indios y una Iglesia Mayor con valiosísimos elementos como la pila bautismal, el púlpito y el pórtico de la sacristía, recinto en el que se exhiben piezas de museo de gran valor artístico.

Las misiones jesuíticas. Los jesuitas eran una orden sacerdotal católica romana, que llegaron para convertir a los habitantes locales al cristianismo. Establecieron misiones y construyeron enormes iglesias de roca que protegían a los indios guaraníes del lugar, de los ataques de sus enemigos. Al ser expulsados los jesuitas del Paraguay, muchas de sus construcciones comenzaron a deteriorarse por falta de mantenimiento, pero están siendo restauradas.

Sitio realizado y mantenido por la Profesora Nidia Mabel Cobiella

NidiaCobiella@educar.org

 


 

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