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Material compilado y revisado por la educadora argentina Nidia Cobiella (NidiaCobiella@RedArgentina.com) EL GUAIMI-MGÜE
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| VOCABULARIO | ||||||||
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El gran Cacique Pearé (Noche) era célebre
en todas las comarcas de habla guaraní. Su hija Koembiyú
(Estrella), que debió este nombre a su gran belleza, causaba
admiración a quienes la veían, y su hermosura se hizo tan
famosa, que desde tierras lejanas llegaban poderosos caciques
dispuestos a conocerla y ofrecerle los mejores presentes.
Costosas plumas de garza blanca, pieles de los animales más
raros, tejidos de plata, brazaletes de oro, piedras preciosas y
mil regalos dignos de una reina depositaban a sus pies los más
encumbrados jefes que deseaban hacerla su esposa.
Nada de esto logró despertar el amor de la bella Koembiyú.
Ninguno de sus pretendientes consiguió ser aceptado por esposo.
Pero Pearé, en el deseo de casar a su hija y tener así
quien le sucediera en el poder, decidió celebrar una gran reunión
en la que Koembiyú debía elegir esposo entre sus admiradores.
Todos los pretendientes se prepararon para participar en el
gran torneo que se llevaría a cabo dentro de tres lunas. El que
resultara vencedor tendría el derecho de tomar como esposa a la
hija del Cacique.
Difíciles pruebas se cumplirían en el torneo. Deberían
presentar a la bella: el jaguar más hermoso de la selva, el pájaro
de canto más armonioso y el pez de colores más brillantes, que
cuidaban con gran esmero las Cuña-Payés (hechiceras).
Los peligros son enormes, pero los jóvenes guerreros los
aceptan con gusto, dispuestos a conseguir la preferencia de la
hermosa india.
A medida que la fecha de la fiesta se acerca, van llegando
a la tribu los pretendientes, escoltados por numeroso séquito que
canta las hazañas de sus jefes y transporta los más ricos
regalos para la prometida.
Llega el ansiado momento de la fiesta. Es un día de
primavera.
En un claro del bosque está la tribu reunida. El cacique
Pearé, con sus mejores galas, preside la fiesta. Un poco alejada
está Koembiyú que, más hermosa que nunca, ha adornado su cabeza
con una guirnalda de blancas flores silvestres; en su cuello
brillan collares de piedras de colores; sus brazos ostentan ricos
brazaletes de oro y esmeraldas, y cubre su cuerpo bronceado un
fino tejido de plata.
Se sirve a los concurrentes miel y chicha. El entusiasmo
aumenta. La fiesta va a comenzar.
Koembiyú, recostada contra un corpulento árbol, mira a lo
lejos, sin prestar atención a la fiesta que se celebra en su
honor.
De pronto toma una expresión diferente. Una luz ilumina su
rostro. Parece escuchar con agrado a un desconocido que le ofrece
su amor y protección.
Al verlo, sonríe con dulzura y se da cuenta de que ahí
está el que ha despertado su corazón. Ese joven ha de ser su
esposo.
Inmediatamente comunica a su padre:
-¡Padre! ¡Padre! Que el torneo no comience. Ya ha llegado
aquel que esperaba. ¡El elegido para esposo está aquí!
-¿Quién es el desconocido que pretende así robar mi más
preciado tesoro? -grita airado el Cacique.
-¡Padre!, escuchad: No es un guerrero ni un rico jefe,
pero ha venido de muy lejanas tierras, ha cruzado bosques y ríos
y ha despertado mi cariño y conquistado mi corazón.
-¡Mostradme a ese joven! -ordena el jefe.
Y Koembiyú presenta a su padre, a un joven pobremente
vestido, cubierto su cuerpo con un manto descolorido y sucio con
el polvo del camino.
Su pobre figura resulta empequeñecida al lado de los otros
pretendientes lujosamente ataviados y con plumas de colores
brillantes en sus orgullosas cabezas.
Pearé desaprueba la elección de su hija. Echa al
desconocido de su presencia y se opone a que Koembiyú lo acepte
como esposo.
La pobre niña, muy triste, baja la cabeza. Por sus
mejillas resbalan lágrimas de pena; pero debe obedecer a su
padre...
Se da vuelta para decir adiós a su elegido, y se asombra
al verlo transformado.
El desconocido se ha quitado el raído manto que lo cubría,
quedando convertido en un gallardo joven de rubios cabellos y de
ojos azules que le dice:
-Soy el Hijo del Sol, que enamorado de tu gracia y tu
bondad, hermosa Koembiyú, vine a pedirte por esposa; pero el
orgullo y la vanidad de tu padre han producido mi enojo y, en
castigo, te convertirás en pájaro que al adorarme, llorará tus
penas.
En ese mismo instante, la hermosa india se transformó en
un pájaro.
Desde entonces, al atardecer, cuando el disco rojo del Sol
se esconde en el horizonte, se oyen en la selva los lamentos
quejumbrosos de una ave. Es el "guaimi-mgüe" (Hija del
Sol) que en el canto traduce la pena y el dolor que causara a la
bella Koembiyú la decisión de su padre guiado por la codicia y
la soberbia.
Estas leyendas fueron adaptadas de la Biblioteca "Petaquita de Leyendas", de Azucena Carranza y Leonor M. Lorda Perellón, Ed. Peuser, Bs. As. 1952 y de "Antología Folklórica Argentina", del Consejo Nacional de Educación, Kraft, 1940.
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